DECLARACIÓN DE MARCELINA BARROSO EXPÓSITO, PRIMERA VIDENTE
DE CHANDAVILA, SOBRE LAS APARCICIONES.
(Transcripción literal de la declaración)
MARCELINA BARROSO EXPÓSITO
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
En la villa de la Codosera, diocesis y provincia de Badajoz, a once de junio del año mil novecientos cuarenta y cinco, ante mí, Don Juan Antonio Galán y Galán, Presbítero y Cura Ecónomo de la Parroquia de Nuestra Señora de la Piedad, única en esta villa, y los testigos Don Julio Barroso Palacín y Don Román Matador, industriales de la misma, comparece:
MARCELINA BARROSO EXPÓSITO, hija de Alonso y Agustina, de diez años de edad, natural y vecina de esta, prometiendo decir verdad manifiesta:
Que el día veintisiete del pasado mes de mayo, al transitar a las tres de la tarde por el lugar llamado Chandavila, camino de El Marco, a dos kilómetros, próximamente de esta y uno de la frontera portuguesa, acompañada de otra niña, llamada Agustina González, le pareció ver algo extraño sobre uno de los castaños que allí se encuentran. Al regreso del referido lugar de El Marco, puso un poco más de atención, y juzgo ser la imagen de la Santísima Virgen de los Dolores o Soledad, ya que distinguió, claramente sobre su cabeza una corona de estrellas resplandecientes y su manto negro y cubierto de innumerables estrellas.
Impresionada por esta inesperada aparición que solo fue visible de la declarante y no de la otra niña que le acompañaba, apresuraron el paso y no manifestaron nada hasta el siguiente día en que los comunicó a sus familiares.
Ese día veintiocho de mayo fue acompañada por contadas personas de su familia, y, tanto ella, como los acompañantes, nada observaron con respecto a la aparición indicada.
El día veintinueve, a la misma hora de las tres de la tarde, y en el mismo lugar, acompañada de unas doce personas, vio claramente en el firmamento la imagen de Jesús Crucificado, imagen que fue también visible para otras personas, entre ellas para Teresa Silva Cardoso, viuda y natural de esta.
El día treinta, justamente con otras siete u ocho personas de as cincuenta o setenta que se encontraban en aquel lugar, vio en el espacio, y como descendiendo a la tierra la imagen de la Señora.
El día treinta y uno, rodeada de más de quinientas personas, venidas muchas de Portugal, vio nuevamente y en repetidas ocasiones, al par que doce o quince personas más, mientras rezaban y cantaban a Nuestra Señora la misma representación que en días anteriores, habiendo entre los espectadores algunos desmayos.
Con asistencia siempre de muchas personas, le pareció que la imagen o representación que vio el día primero de junio, le colocaba su mano sobre el hombro o cabeza.
Los días dos y tres de junio, igualmente y al par que otras muchas personas, entre ellas la profesora o maestra nacional de la Esperanza (Portugal), vieron repetidas veces la imagen de la Virgen, en idénticas formas que en los días anteriores.
En el día cuatro del corriente mes, presintiendo por interior impulso que la Santísima Virgen desearía comunicarle el motivo de aquellas manifestaciones, llegóse con otras cinco personas y a las diez de la mañana, al referido lugar y a poco comenzó a ver una pequeña nubecilla a unos cien pasos de distancia, tocando con la tierra, disipándose esta poco a poco, apareció la Santísima Virgen que le manifestó en voz solo para ella perceptible, que volviera por la tarde a la hora de todos los días y fuera de rodillas, después de santiguarse, desde un regajo o cañada hasta un castaño que crece a una distancia de unos ochenta pasos.
Esta tarde pues, en presencia de unas ochenta personas de todas edades y condición, fue exactamente desde el lugar indicado y por entre espinos, erizos y malezas, que no le molestaron lo más mínimo, pues le parecía que la Virgen había colocado sobre el suelo una crecida y fresca hierba para que no se espinase ni sufriera la menor molestia. (Nota) (Observada inmediatamente las piernas y rodillas de la niña por todos los espectadores que vieron conmovidos la anterior escena, no hallaron la menor huella de los numerosos espinos y erizos que necesariamente harían de hollar con sus piernecitas y rodillas desnudas).
Al llegar junto al árbol, vio que el castaño se habría y apareció a la distancia de unos cincuenta metros una ermita preciosísima, en cuyo altar se encontraba la imagen de la Santísima Virgen; le indico que se santiguase y después le preguntó la Señora si quería irse con Ella. Le contestó afirmativamente, y vio que, por toda respuesta, se sonrió y la besó en la frente. Finalmente manifestó a la declarante que era su deseo que en el plazo de tres meses se le hiciera en aquel sitio una capilla.
Esto es lo que, en el día de la fecha, manifiesta ante mi y los testigos antes consignados MARCELINA BARROSO EXPÓSITO y en testimonio de verdad firma la presente declaración con los testigos.
Firmado: Marcelina Barroso. Julio Barroso. Ramón Matador. Juan Galán.